Casi
todos los pasajeros duermen, el unico despierto soy yo, una
sola luz interrumpe la oscuridad del omnibus, es la de mi
lámpara individual; lo largo del viaje y la quietud
de la noche, me hacen recordar una historia que comenzó
hace ya cuarenta años atrás, y recomenzó
hace apenas uno.
El protagonista es un bello ómnibus que tiempo atrás
supo recorrer orgullosamente estas mismas rutas; y de esta
forma comienzan a surgir las palabras para este relato, mientras
imagino que este colectivo en el que viajo es el viejo Cametal
Camello traido desde La Pampa, y el leve sonido del motor
lo transformo en el bravo rugir de aquel viejo Mercedes Benz
O317…
La
historia comienza allá en el año 1966, cuando
un señorial ómnibus Camello, montado sobre un
poderoso chasis Mercedes Benz O317, salio de la planta de
producción de Cametal, luciendo los colores de una
empresa sinónimo de viajes, Chevallier.
Durante
muchos años este ómnibus lucio impecable, ya
que eran otras épocas, el chofer y su unidad eran una
sola cosa, existía ese afecto por la herramienta de
trabajo, y así impecable e inmaculado, luego de muchos
años de servicio, términos sus días en
la empresa, por lo que debió ser radiado de servicio,
vendido a algún particular y nunca mas se supo de el,
con pena, pero con la satisfacción del deber cumplido
lo dejaron ir, quizás se había ido a alguna
ignota línea provincial a prestar servicios, eso era
lo mas factible, pero a nadie le importaba cual había
sido su destino, ya era parte del pasado y modernas unidades
lo habían reemplazado al viejo “O317”.
Pasaron
muchos años, mas de veinte quizás, y nuevamente
aquel viejo y olvidado ómnibus nuevamente era el protagonista
de una historia, una que espero abra los ojos a mas de un
empresario del transporte y que entiendan que además
de contar pasajeros y ganancias comprendan que ellos con su
esfuerzo diario también colaboran en la sucesión
de hechos históricos de este país, ya que el
transporte es uno de los pilares fundamentales para el desarrollo
de la identidad histórica de un país.
Como
ya habrán leído, algunos de Uds. en este mismo
sitio (ver
nota), el viejo Cametal fue hallado por
casualidad, ya hecho Motor Home, en una pequeña localidad
pampeana, luego de mucho esfuerzo y algunas negociaciones
se pudo recuperar el ómnibus y traerlo de vuelta a
la vieja casa que lo supo tener en sus épocas de gloria;
uno de los primeros hechos sorprendentes fue que a pesar de
los años que habían transcurrido desde su venta,
la cantidad de manos por las que habria pasado, y las diferentes
mutaciones de color que seguramente sufrió, jamás
dejo de lucir debajo de las muchas capas de pintura el relieve
de las características alas rojas de Chevallier, como
si el mismo hubiese querido y estado esperando que lo reconozcan
y lo recuperen.
Una
madrugada de intensa tormenta ocho “locos” luego
de muchas horas de viaje llegamos a Buenos Aires con el O317,
con el objetivo que recupere su gloria, aquella que los años
le hicieron perder; la operación “restaure”
estaba a cargo del jefe y subjefe del taller de Chevallier,
Jose Rodríguez y Walter Yañez respectivamente,
este ultimo hijo de un viejo componente de la empresa, criado
entre los fierros y el olor a grasa de los viejos talleres,
comenzó su trabajo sobre el viejo ómnibus con
mucha emoción y recordando épocas pasadas, pero
aun no sabia la grata sorpresa que le esperaba mientras recuperaba
aquel viejo ómnibus.
Lo
primero que se realizo fue un análisis del estado general
de la unidad, recuperar lo poco que quedaba completo, ver
que partes se podían reparar y cuales refabricar o
conseguir, la parte mecánica fue la que menos trabajo
dio, ya que a pesar de los años de la unidad esta estaba
en perfectas condiciones.
Walter
recuerda con cariño mientras trabaja en la restauración,
aquel viejo taller de Alsina, en las calles Mom y Echauri,
a orillas del Riachuelo, en donde se crió y aprendió
a manejar justamente con un MB O317, al que le costaba dominar
los pedales y la manera suave de cambiar de marcha, tarea
que aprendió con la ayuda de un viejo amigo que hoy
ya no esta y al que recuerda con cariño, Don Valentín
Nores, todo es una catarata de sensaciones, de solo pensar
cuantas anécdotas guardaría ese viejo colectivo,
cuantos kilómetros recorrió y de cuantas satisfacciones,
despedidas y reencuentros fue testigo silencioso.
Con
mucho esfuerzo se comenzó a trabajar en la unidad,
desarmando lo poco que conservaba aquel viejo “mercedón”
y a tratar de recordar como eran las piezas que faltaban,
como los portaequipajes, la bodega trasera y sobre todo los
asientos, quedaba un gran trabajo por delante.
De
a poco el “O317” comenzó a recuperar su
estado original, el exterior se peló hasta la chapa,
se preparo para la pintura, se marco se empapelo y se pinto,
y llegado el momento de quitar las cintas y papeles se redescubrió
aquel fondo plateado y esas imponentes alas rojas características
de Chevallier durante muchos años, y nuevamente en
Walter surgieron las emociones y los recuerdos, recuerdos
de aquellas mañanas en la terraza de la oficina de
trafico, junto a “Piraña”, el compañero
de su padre, que cumplía sus tareas en la oficina de
pagos, allí escuchaba día a día infinitas
anécdotas de los choferes y las eternas discusiones
en la oficina de trafico en donde estaban Godar y el legendario
Jorge Saldivar, y así transcurrían las mañanas
de Walter, hasta el mediodía en que se volvía
a su casa en el servicio de 13.30 a Villa Cañas, sabiendo
de antemano que interno seria el que le tocaría, ya
que cada numero era sinónimo de un conductor, ellos
y sus ómnibus eran el uno para el otro, el 8 de Damico,
el 52 del “Tano” Dimartino, el 119 de “Pepe”
Lucas, el 98 de Porto por solo citar algunos; y con alguno
de ellos realizaba los cuarenta minutos de regreso a su casa,
oyendo el silbido de la suspensión, observando la forma
de conducir, el guardapolvo marrón con solapa azul,
el equipo de mate y los infaltables magazines.
La
pintura estaba lista, solo faltaban pequeños detalles,
y uno de ellos era el gran enigma, el numero de interno del
coche, que por descarte se había llegado a la conclusión
de que podía haber sido el 158 o el 183, pero no había
certezas.
Ya
casi terminado el exterior se comenzó a trabajar en
el interior del ómnibus, desmontando la parte delantera
para acomodar toda la instalación eléctrica,
y mientras se sopleteaba con aire comprimido para sacar los
años de polvillo acumulados, entre tanto polvo apareció
un viejo llavero de chapa de aluminio, de los que se usaban
en aquella época, tenia un numero acuñado, y
ese era el interno, luego de limpiarlo se descubrió
que aquel viejo coche, era finalmente el 183.
De
a poco, lentamente el sueño comenzó a materializarse,
el viejo Mercedes había recuperado totalmente su identidad,
entonces apareció Ricardo García quien se entera
del hallazgo y le hace saber a Walter, con los ojos brillosos
y superado por la emoción y la felicidad, que ese 183
perteneció a la sociedad que este conformaba con su
padre, si hasta lo había manejado con su compañero
de ese momento Alberto Lopez, contándole también
que el mismo fue el encargado de entregar el coche en Llonquimay,
La Pampa, donde había sido vendido al municipio.
Lo
sucedido le dio a Walter mas ganas aun de seguir con el trabajo
de recuperación del “O317”, ya que la historia
lo tocaba más de cerca de lo que el suponía,
pero estaba en una de las partes mas difíciles del
trabajo, faltaban todas las butacas, no había ninguna;
por lo que se comenzó a averiguar por cada rincón
posible de conseguirlas, pero sin resultado alguno, y entonces
la única opción viable era refabricarlas en
base a fotos y recuerdos de cómo eran aquellas viejas
butacas de la época.
Fabricadas
y colocadas las butacas, restaurados los portaequipajes, el
techo interior, armado y retapizado el torpedo, el “O317”
iba tomando su forma original, y lucia cada día mejor;
una vez colocadas las luces exteriores junto a los aros cromados,
y la infaltable insignia amarilla, el ómnibus tomo
su forma original, el sueño estaba cumplido el viejo
Cametal Camello había recuperado su gloria definitivamente,
el esfuerzo había valido al pena.
De
esa manera Walter y su equipo dieron fin a la tarea, con la
plena satisfacción y el orgullo de la labor cumplida,
y con la esperanza de que esto sea tomado como un homenaje
para aquella vieja y querida Chevallier, y para todos aquellos
que forman y formaron parte de aquella hermosa familia.
…Y
de a poco el cielo comenzó a clarear, los pasajeros
continuaban durmiendo, solo se seguía oyendo el leve
sonido del motor y las suspensiones; sin darme cuenta algunas
cosas habian cambiado desde que comence a escribir, ya no
estaba en Buenos Aires, había llegado a La Rioja y
no estaba viajando en el “O317”….
Cristian
Ariel Luna
Imagenes:
Carlos Ugalde, Ivan Welly, Ariel Luna, Chevallier
Datos: Walter Yañez, Chevallier